Estimulación sensorial

Crónica de la calaverita en los 90’s

Hace algunas décadas había una niña a la que sus padres no dejaban pedir calaverita indicando que el racional era que pedir limosna no estaba padre, la niña no lo entendía pues todos los vecinos y amigos lo hacían, excepto ella, este comentario lo hizo a sus padres para que la dejaran al menos hacerlo una vez, sin embargo el hecho de que todos lo hicieran no fue un móvil para que sus padres cambiaran de opinión al respecto. Lo que era un hecho es que la inseguridad de andar por la calle no era ni siquiera tema en aquel entonces.

Pasaron algunos años y una noche de muertos la susodicha vió una bola de chiquillos pidiendo calaverita, volteó a su alrededor y sus padres no estaban a la vista, así que se acercó dando pequeños pasitos y se integró a la bola esperando vivir la tan soñada experiencia “voy a recibir dulces!” se decía y una blanca sonrisa tipo el gato de Cheshire brillaba esa noche en su carita. En la bola había un chico un poco mayor, tal vez tendría 16 años en aquel entonces, que se convirtió en el líder de la pandilla pide calaverita, y así tocando puertas los chiquillos recibían dulces, por alguna razón la niña rebelde no se sentía cómoda con la situación de ser parte de la pedidera y comenzó a entender a qué se referían sus padres.

Finalmente ocurrió algo que fue la gota que derramó el vaso y que abrió los ojos de la pequeña para no volver a pedir calaverita, en una de las casas la persona entregó un paquete de M&M’s al ya mentado líder de la bola y le dió la instrucción de repartirlo entre la pandilla, todos los ojitos estaban sobre la bolsita de lunetas… y la decisión que tomó el chico fue abrir el paquetito y aventarlos como piñata o como bolo en bautizo, situación que desató la pirañez de toda la chamacada, al ser escasos los M&Ms y la euforía de conseguir gratis una fregada luneta que no se derrite en tus manos sino en tu boca comenzaron los empujones y la armonía de la pandilla se perdió, fue entonces cuando aquella niña rebelde a su corta edad aprendió que ser gorrón no está padre y que ante la escasez la gente saca su lado piraña aunque lo que quiera ganar sea algo sin valor. A veces es necesario vivir la experiencia para entender la sabiduría de los padres.

Hoy en día, la niña rebelde ya es mamá ¿crees tu que permitiría pedir calaverita a sus crías? Por supuesto que no, pero disfruta dar golosinas a la chiquillada que toca a su puerta desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre, disfrazados y emocionados además por recibir piropos por su esfuerzo al elegir y diseñar su atuendo. Que siga esta tradición que no es mexicana pero que alegra los corazones de los pequeños.

Regala cupcakes decorados de día de muertos a los pequeños que tocan a tu puerta y mira su carita de felicidad.

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